Nada nuevo bajo el sol eclipsado del copyright.

Esto es una traducción de Nothing New Under The Copyright-Eclipsed Sun, de Rick Falkvinge.

La industria del copyright ha utilizado los mismos trucos y retórica a lo largo de 500 años, además de ser aficionados a intentar reescribir la historia. Pero el relato de los libros de historia difiere claramente de lo que la industria del copyright está intentando pintar.

Cuando la imprenta llegó en 1453, copista era una profesión en gran demanda. La Peste Negra había causado un gran número de bajas en los monasterios, que no habían sido cubiertas todavía, de ahí que la copia de libros fuera cara.

Retirar a los antiguos copistas no era una opción que le gustase a la Iglesia Católica, quién intento prohibir la imprenta con crueles castigos, incluida la pena de muerte por usarla para copiar libros.

“¿Cómo cobrarán los monjes?”, argumentaban para justificarlo. Aún así, ni siquiera la pena de muerte pudo parar el copiado.

Desde luego, el problema no era el sueldo de los monjes que en realidad, a la Iglesia Católica no podía importarle menos. Todo tenía que ver con el control del conocimiento y la cultura. Una vez que la mayor parte del pueblo hubiese aprendido a leer, la Iglesia perdería su dominio para siempre.

Inglaterra eligió un camino distinto. Viendo que ni la pena de muerte había funcionado, la reina María I necesitaba un aliado dentro de la industria de la impresión. Adjudicó el monopolio de la impresión al gremio de impresores de Londres, la London Company of Stationers, a cambio de poder censurar cualquier cosa antes de ser publicada.

El monopolio fue adjudicado el 4 de mayo de 1557. Fue llamado copyright.

Esta alianza entre la industria y el Gobierno funcionó bien para suprimir las disputas. Pasados 138 años, la censura dejó de ser algo moderno. El Parlamento británico dejó expirar el monopolio del copyright en 1695, y los impresores perdieron un lucrativo monopolio. Solicitaron recobrarlo por un periodo de 15 años.

Finalmente, el Parlamento fue persuadido. Los impresores y distribuidores reclamaron que nada pudiese ser impreso o distribuido sin un monopolio. (Obsérvese que esto es muy, muy diferente a que nada sea creado sin un monopolio.) Pero ellos sugirieron que este monopolio tuviese su origen en el autor y fuese clasificado como propiedad, así podía ser vendido a un impresor.

Haciendo esto, los impresores mataron tres pájaros de un tiro. Uno, consiguieron cumplir el requisito del Parlamento de que no hubiese otro punto centralizado de censura, para que así reconsiderasen el monopolio. Dos, los impresores tendrían todavía el monopolio de hecho ya que los autores estarían obligados a vender el monopolio a los impresores. Tres, clasificaron artificialmente el monopolio como “propiedad” pudiendo inscribirlo dentro del Derecho Consuetudinario (Ley Común) mejor que en la Jurisprudencia, dándole un estatus legal mucho más fuerte.

El monopolio del copyright fue sancionado de esta forma en 1709, y tomó efecto el 10 de abril de 1710, en el llamado “Estatuto de Anne”.

Los Estados Unidos adoptaron un pasaje similar en su posterior Constitución, pero con una justificación más clara, que el único legítimo beneficiario del monopolio del copyright es el público.

Avanzando hasta el advenimiento de las bibliotecas, el monopolio de los editores, ahora fuertes en su creencia casi religiosa de que ellos tenían derecho a dictaminar cómo la gente podía leer, intentaron prohibir el préstamo de libros. “No puedes permitir a la gente leer sin pagar por su propia copia”, argumentaban. Cuando los políticos consideraron las bibliotecas públicas, el monopolio de los editores puso el grito en el cielo.

“¡No puedes dejar que nadie lea ningún libro gratuitamente! ¡Ni un solo libro será vendido nunca más! ¡Nadie podrá vivir de sus escritos! ¡Ningún autor volverá a escribir un solo libro si se aprueba esta ley!”

Sin embargo, el Parlamento en el S. XIX era más sensato que hoy en día, y se dio cuenta exactamente del por qué de la rabieta del monopolio del copyright. Decidieron que el acceso público al conocimiento y a la cultura tenía un gran valor para la sociedad, más que un monopolio que pretendía ser pagado cada vez que un libro fuera abierto, y así, la primera biblioteca pública del Reino Unido abrió en 1850. Y como todos nosotros sabemos, claro está, ni un solo libro más ha sido escrito desde entonces. Oh, espera. Se están escribiendo más libros que nunca en la historia. Quiero decir, el argumento usado es tan falso cuando se usa hoy en día como lo era entonces.

Después de internacionalizar el monopolio del copyright en 1886, la música se convirtió en algo cada vez más interesante. La industria discográfica fue invitada a Roma en 1933 por la Confederazione Generale Fascista dell’Industria Italiana con la intención de corporativizar el monopolio del copyright un poco más. La IFPI fue creada en esta reunión de Roma. La ambición tuvo éxito con el advenimiento de la Convención de Roma en 1961, cuando a la industria discográfica se le concedió un monopolio del copyright-idéntico llamado “derechos conexos”.

Uno se da cuenta aquí de que el monopolio de la industria discográfica es tan reciente como de 1961. No la imagen que ellos pintan.

En la actualidad, los Estados Unidos están intentando intimidar al resto de los países para que respeten los cada vez más fuertes privilegios del monopolio del copyright. Publican todos los años la “Lista especial 301” (Special 301 list), que se supone es la lista negra de los peores “delincuentes” del mundo. La mayoría de la población mundial está en la lista. España y Canadá también han llegado a la lista este año. Para mí, una meta política personal es devolver a Suecia a su lugar en la lista.

En resumen, la batalla sobre quién controla el conocimiento y la cultura se ha extendido a lo largo de 500 años. Las mismas justificaciones han sido utilizadas a lo largo de esos 500 años. Pero aprendiendo de la historia, podemos ver como el movimiento de estrangulación de la Iglesia Católica fue vencido. Debemos repetir ese mismo curso de la acción con el monopolio del copyright hoy. Enseña a todo el mundo a compartir. Haz que todos experimenten cómo es tener todo el conocimiento y la cultura de la Humanidad en sus manos. Una vez obtenida, no les podrán robar esta experiencia, igual que hace 500 años no se podía hacer que la gente “desaprendiese” a leer.

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