Etica y software libre.

Una de las cuestiones filosóficas que se vienen discutiendo desde hace siglos y permanece aún abierta (como si alguna de ellas se pudiera cerrar de manera definitiva) es la de la valoración moral de la técnica. Quizás la respuesta más extendida sea la de su neutralidad axiológica. Bajo esta extraña expresión subyace una sencilla idea: la técnica, en sí, no es ni buena ni mala, sino que todo depende del uso que hagamos de ella. De manera que si aceptamos esta propuesta deberíamos separar el mundo de la técnica del de la moral: se trata de dos ámbitos completamente distintos y no existen puntos en común: de la misma forma que no hay soluciones técnicas para los problemas morales, tampoco es posible calificar moralmente los artefactos producidos por la técnica. Dicho de otra forma: entre los “hechos” (jugando aquí con todos los sentidos de la palabra) y los “deberes” hay un abismo insalvable, y la falacia naturalista nos lo recuerda permanentemente.

El problema filosófico tiene más de una vuelta si lo abordamos con algunos desarrollos tecnológicos, como por ejemplo el software libre. Nos encontramos aquí con un caso curioso: esta vez no es “el moralista” el que trata de ir más allá de su campo específico, estudiando un artefacto técnico y sus implicaciones morales. Ahora es el programador el que reivindica para su creación una superioridad moral respecto a otras, en tanto que su aportación está a disposición de todos y renuncia a estar protegida por unos derechos de autor que considera abusivos. Se invierten los papeles en tanto que desde el campo de la tecnología se pretende la supresión de esas barreras: quien defiende el software libre, está suponiendo que hay tecnología buena y mala, entendiendo ambos conceptos en un sentido que va más allá del meramente técnico. Las motivaciones, los medios y los fines con los que se desarrolla cada progreso tecnológico son variables morales a tener en cuenta. ¿Acaso no es esto similar a ir elaborando una moral de la técnica, rechazando su presunta neutralidad?

La perspectiva moral que aspira a desarrollar el software libre va mucho más allá de la mera valoración de la técnica. No se trata sólo de eso: aparecen otra serie de valores que implícitamente son expresión de una manera de relacionarse en sociedad. Palabras como el compartir, la colaboración o la igualdad son compatibles con la programación a través de un ordenador. A su manera, este software propone también una utopía: es una de las maneras de soñar un mundo mejor en el siglo XXI. En esta carrera moral llega a desarrollar actitudes un tanto contradictorias, llegando a despreciar o mirar por encima del hombro a los que siguen aún “prisioneros” del software propietario. Una de las paradojas y grandes contradicciones de este movimiento: hablando de igualdad y de solidaridad, puede llegar a ser intolerante con los que aún pagan por utilizar los programas “de marca” (o piratean). No hay técnica sin valores.

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