¿Porqué la invasión en Libia? Cuestionando la tesis humanista.

Una vez más estamos frente a la enorme movilización de los mayores medios de información españoles para proveer el sustento ideológico y mediático a la intervención de la OTAN en Libia. No tengo ninguna simpatía por el dictador Gaddafi como queda claro en mi artículo Gaddafi, neoliberalismo, el FMI y los gobiernos supuestamente defensores de los derechos humanos. El Plural, pero me ofende la enorme manipulación que está ocurriendo en los mayores medios de información de España, los cuales están actuando más como instrumentos de persuasión (promoviendo la imagen de que tal intervención es consecuencia del objetivo humanitario que caracteriza a los gobiernos de la OTAN, que supuestamente han enviado sus fuerzas militares a Libia para defender a la población civil frente al dictador), que como instrumentos de exposición, análisis y descripción objetiva de la realidad. La manipulación ha sido casi completa con la práctica exclusión de puntos de vista contrarios a lo que se promueve por tales medios. En este artículo cuestiono el argumento que ha dado la coalición liderada por la OTAN de que su intervención responde a “causas humanitarias”.
Veamos los datos. La intervención militar de la coalición, protagonizada primordialmente por los gobiernos de EE.UU., Francia y Gran Bretaña con la colaboración de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, no es una “intervención humanitaria” encaminada a proteger la vida de la población civil. Moisés Naím (¿Qué tiene que ver Auschwitz con Bengasi?) y Josep Ramoneda (“El canto del cisne”. 07/04/11) presentan en El País este tipo de justificación, insultando a los que expresan su desacuerdo con su visión idealizada de la motivación de tales gobiernos, acusándoles a los críticos de cínicos (Moisés Naím) o, ¡horror de los horrores!, “anticuados” (Josep Ramoneda) por hablar todavía hoy de categorías tan irrelevantes –según él- en el lenguaje moderno como imperialismo.
Veamos en primer lugar los datos que por lo visto tales autores parecen desconocer. La resolución de las Naciones Unidas que se utiliza para justificar la intervención militar indica claramente que el objetivo de cualquier intervención debe ser única y exclusivamente proteger a la población civil. No habla de ayudar a los rebeldes y todavía menos de derrotar a Gadaffi, que es lo que la mayoría de los miembros de la coalición desean y están haciendo, distinción que ha sido señalada por muchos gobiernos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El Presidente Obama lo ha dicho claramente. Su deseo es que Gadaffi deje de gobernar Libia. Y Sarkozy (bajo el asesoramiento de Bernard Henri Lévy) ha reconocido ya incluso a un grupo de representantes de los rebeldes como el auténtico gobierno de Libia. Está claro que se está utilizando la supuesta ayuda a la población civil para conseguir sus objetivos político-militares. Su intervención en una guerra civil está encaminada, no a proteger a la población civil, sino a apoyar a un lado (que se define como los rebeldes) en contra de la dictadura. No es pues el objetivo de las fuerzas armadas el proteger a la población civil (hay también población civil en el lado Gadaffi), ni tampoco (y ahí es el punto clave que justifican los intervencionistas) es establecer la democracia en Libia. Ninguno de los países que aportan armas tienen credibilidad presentándose como defensores de la democracia. Tanto el gobierno francés, inglés, italiano, español y estadounidense han estado armando el gobierno Gaddafi y han colaborado con los servicios de seguridad (la policía represiva del gobierno Gadaffi), plenamente conscientes de la naturaleza dictatorial y represiva de aquel régimen.
Es más, el gobierno estadounidense continúa siendo el mayor apoyo a las dictaduras árabes –Bahrein y Arabia Saudí- que están en este mismo momento reprimiendo brutalmente un alzamiento popular en sus propios países. Como bien señalaba el The New York Times, era difícil para la Secretaria de Estado Hilary Clinton intentar frenar a aquellos gobiernos en su represión y a la vez pedirles ayuda para que frenaran la represión en Libia. Los regímenes de Bahrein y Arabia Saudí odian a Gadaffi por éste haberles denunciado por su comportamiento en el conflicto Israel-Palestina, y por la denuncia a la Liga Árabe por su pasividad frente al comportamiento bélico del Estado de Israel en contra del pueblo palestino. Gadaffi ha denunciado a la Liga Árabe por representar a las élites dominantes de los países árabes (lo cual es cierto) y haber traicionado el proyecto panárabe del general Nasser de Egipto. Los gobiernos de Bahrein, Qatar, y Arabia Saudí odian a Gadaffi y celebran la posibilidad de eliminarlo del poder. Ambos han enviado (junto con Qatar) aviones de combate a la coalición. Arabia Saudí también financiará (2.000 millones de dólares al mes) la intervención militar. Con estas credenciales es difícil sostener la credibilidad de que su objetivo es humanitario y/o establecer la democracia en Libia.
Naturalmente que cada gobierno tiene su propio objetivo y lo que la coalición intenta es realizar una misión común que todos desean, que es la eliminación de Gadaffi, del cual habían sido aliados y proveedores de armas, incluyendo las armas de represión (los equipamientos policiales proceden de la Gran Bretaña y de Francia) hasta hace unos meses.

GADAFFI ERA UN DICTADOR QUE ESTABA DE MODA HACE UN AÑO.
Es interesante resaltar que sólo hace un año, el dictador Gadaffi estaba de moda. El Fondo Monetario Internacional elogió las políticas neoliberales llevadas a cabo por el gobierno Gadaffi. El informe del FMI sobre Libia hablaba exitosamente de “su ambicioso programa de reformas” y de su “fuerte rendimiento macroeconómico y el progreso en el realce del papel del sector privado” (como he escrito en otra parte, tales reformas crearon un descontento general. Ver mi artículo “Gaddafi, neoliberalismo, el FMI y los gobiernos supuestamente defensores de los derechos humanos”. En realidad Anthony Giddens, el intelectual con mayor influencia de la Tercera Vía (la sensibilidad socioliberal responsable del descalabro de la socialdemocracia en Europa, ver mi artículo sobre la Tercera Vía, “La crisis de la socialdemocracia en Europa”, Sistema Digital, 18.06.10), habló de la Libia de Gadaffi como un país que en un futuro no lejano (antes de dos o tres décadas) sería “la Noruega del Norte de África: próspera, igualitaria y progresista”. Y, las Naciones Unidas, presentaron a Libia como el país africano con mejores indicadores en su Human Development Report. Y en los últimos años vimos toda una lista de dirigentes políticos –José María Aznar, Rodríguez Zapatero, el Rey Juan Carlos, Tony Blair, Sarkozy, Berlusconi y muchos otros- que se presentaron como sus amigos. Es comprensible que el dictador Gadaffi se sorprendiera de que Occidente hubiera cambiado sólo en cuestión de meses su postura de halago a abierta hostilidad.
Un indicador de tal hostilidad es Estados Unidos, donde sectores del Partido Republicano hablan explícitamente de establecer “un protectorado de la OTAN” en Libia. Paul Wolfowitz, que fue subsecretario de defensa de los EEUU y más tarde, Presidente del Banco Mundial, y uno de los arquitectos de la Guerra del Irak, publicó una carta abierta al Presidente Obama, incitándole a convertir Libia en un “protectorado bajo el control de la OTAN en nombre de la comunidad internacional” (puede que Josep Ramoneda haya olvidado que esto solía llamarse imperialismo). Es interesante también subrayar que fuera el gobierno de EEUU el que acabase llevando (25/2/11) al coronel Gadaffi a la Corte Penal Internacional, Corte que EEUU nunca ha reconocido y a la que se opuso a que se estableciera.

¿POR QUÉ EL DICTADOR GADAFFI ES AHORA MALO Y ANTES ERA BUENO?.
Es obvio que todo ello no hubiese ocurrido si no hubieran habido movilizaciones antidictadores en todo el Medio Oriente. La región más sensible y tensa, el Medio Oriente, es en un volcán resultado de estar gobernados por dictaduras. Y los países de la coalición que intervienen en Libia han sido los que han dado mayor apoyo a tales dictaduras. De ahí la urgencia en hacer algo, donde se pueda hacer algo. Y Libia es el lugar. Sólo 6.5 millones y un ejército muy débil. Y ahí la coalición va a presentarse como los que ayudan a “los demócratas”, asegurándose que la Transición al nuevo régimen la dirige la OTAN.
Pero, ¿quiénes son los “rebeldes”? Un componente importante son los partidarios de la Monarquía, y de los herederos del Rey Idris, que Gadaffi desalojó del poder. Las banderas monárquicas han sustituido a las banderas verdes de Gadaffi. De lo que no se informa es que el monarca era un juguete en manos de EEUU. Durante su reinado, EEUU tenía la mayor base militar en África: la Wheelus Air Base. Gadaffi cerró la base, pasando a engrosar la lista de los enemigos del Pentágono. Los leales monárquicos quieren establecer un sistema monárquico feudal sumiso a EEUU y a Europa.
Otro grupo es el Frente Nacional para la Salvación de Libia (NFSL por sus siglas en inglés) que se creó en Sudán en 1981 por el coronel Nimiery, un déspota, apoyado por EEUU que gobernó Sudán desde 1969 a 1985. Tiene lazos estrechos con el gobierno de EEUU y su Secretario General, Ibrahim Vahad, es uno de los dirigentes del consejo directorio de los rebeldes.
Otro grupo es el radicalismo islámico próximo a Al Qaeda. Una prueba de ello está en la sección de Wikileaks que habla de “Extremismo en Libia este”. Según el propio Departamento de Estado de EEUU “existe un orgullo a nivel popular en muchas partes del Este del Líbia, particularmente alrededor de Darnah, de tener muchos jóvenes que han participado en las campañas de la Yihad en Irak y que sus imanes radicales han propagado los méritos de tal campaña”. Esta región es donde los rebeldes tienen mayor fuerza.
Otra prueba de la orientación de este grupo son los papeles requisados a dirigentes de Al Qaeda, por el Ejército de EEUU en 2007. Tales documentos, analizados por el Centro de Combate contra el Terrorismo de la Academia Militar de EEUU en West Point, señalan el origen de los militantes de Al Qaeda, que han cometido asesinatos a través de suicidios en actos militares. El país que ha proveído más militantes (por habitante) es Libia, región Nordeste, de nuevo, donde los rebeldes son más fuertes. Tales datos han sido confirmados por Anthony Shadid de The New York Times, el cual se entrevistó con Abdul-Hakim al-Hasidi, que ha promulgado ya un emirato musulmán en aquella zona liberada de las tropas de Gadaffi. Tal dirigente declaró estar de acuerdo con la filosofía de Bin Laden. Otra confirmación de esta realidad, la provee el analista de la CIA, Brian Fairchild, que ha dejado tal Agencia. Fairchild documenta que existen elementos extremistas islámicos en Libia, incluyendo la presencia de elementos próximos a Al-Qaeda en el centro de los rebeldes.
Ni que decir tiene que existen otras muchas sensibilidades además de las citadas. No puede ponerse a todas las fuerzas que se oponen a Gadaffi en el mismo saco que a los grupos citados. Pero no puede asumirse que todos o incluso la mayoría (nadie lo sabe) desean la democracia. Como bien indicó el portavoz de exteriores del Partido Laborista en el debate en el Parlamento Británico de hace unas semanas, “no puede asumirse que no exista una influencia de Al Qaeda entre los rebeldes”. Y, la BBC añadía irónicamente que, era aconsejable no olvidar que Bin Laden también recibió en su día ayuda militar de los EEUU y Arabia Saudí. Ni que decir tiene que el Dictador quiere utilizar este argumento para frenar la intervención de la Coalición. Pero, que lo diga el Dictador no es suficiente argumento para negar que haya evidencia de que Al Qaeda está entre los rebeldes, ignorándose su grado de influencia. En sí ello no debería ser un factor determinante (excepto en el caso de que lo liderara), para dejar de apoyar a los rebeldes si estos representaran a la mayoría de la población.

¿QUÉ ES LO QUE DESEA LA COALICIÓN?
Los países que están liderando esta intervención militar tienen un grave problema de credibilidad democrática, en un momento histórico, en que el deseo democrático se ha extendido en todo el mundo árabe. Los gobiernos occidentales miembros de la coalición desean configurar la transición de las dictaduras al siguiente regimen, desarrollando un sistema político que sea favorable a los intereses económicos, financieros y políticos que tales gobiernos representan. Ejemplos de ello hay múltiples.
En 1986, el gobierno de EE.UU. que había apoyado la dictadura de Ferdinand Marcos en Filipinas, cuando éste fue derrotado por una serie de movilizaciones, el gobierno de EE.UU. cambió y apoyó a las nuevas fuerzas, intentando exitosamente que el cambio fuera muy limitado. Lo mismo ocurrió en Indonesia en 1998, con Suharto y lo mismo intentan realizar ahora en Egipto, que el gobierno de EE.UU. intenta presentar como el modelo para los otros países árabes. Los pueblos filipinos e indonesios han visto muy pocos cambios después de la caída de las dictaduras. Gregory Elich, en Counterpunch el 22/03/11, ha descrito detalladamente los preparativos que los gobiernos de coalición, liderados por EE.UU. y países de la UE están haciendo para alcanzar estos objetivos en Egipto. EE.UU. ha establecido la Corporación de Inversión Privada, en coalición con el gobierno de Egipto, con el objetivo de privatizar las empresas públicas. El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (EBRD) ha establecido también programas de promoción de las empresas privadas y así un largo etcétera. Y, el Ministro de Defensa de EE.UU., el Sr. Robert Gates, ha alabado la transición política de Egipto, que se caracteriza por la alianza del ejército con los Hermanos Musulmanes, la organización político religiosa que se ha opuesto históricamente a los movimientos progresistas laicos de sensibilidad socialista tales como los partidos de izquierda y los sindicatos. La ley de Mubarak que prohíbe las huelgas y el derecho de sindicalización ha sido reafirmada por el gobierno de transición. Y los famosos jóvenes con Internet, ni aparecen ya en los medios.
No hay duda de que si la coalición crece y derrota al dictador Gadaffi intentará hacer lo mismo. No es un humanismo, sino un deseo de hacer prevalecer sus intereses lo que motiva su intervención. Tal comportamiento, por cierto, es lógico y predecible. Pero lo que es mejor para el gobierno de EEUU (y para los gobiernos de la UE) no es necesariamente lo mejor para las clases populares de Libia o del resto de la población árabe (y tampoco, por cierto, para las clases populares estadounidenses, la mayoría de las cuales, por cierto, están en contra de tal intervención militar). El pueblo estadounidense sabe, mejor que nadie, el coste que tales intervenciones tienen para el pueblo estadounidense. En contra de lo que todavía hoy sostienen algunos sectores de izquierdas europeas, las clases populares de EE.UU. no se benefician de estas intervenciones. Desde hace ya muchos años el pueblo estadounidense no cree que lo mejor para las compañías petroleras sea lo mejor para EEUU. Como bien dijo un dirigente sindical, “los trabajadores aportamos los muertos en el frente, mientras que las empresas petrolíferas consiguen los beneficios”. Y recuérdese que el 72% de la población estadounidense no cree que el Congreso de EEUU represente sus intereses.
En realidad, estamos viendo una nueva realidad de enorme importancia que apenas aparece en los medios de información y que es el germen de una alianza de las clases dominadas en los países del Sur con las clases dominadas del Norte, que en su lucha para democratizar sus sociedades están encontrando elementos en común. El momento más emotivo que ocurrió en la mayor manifestación popular que haya jamás existido en Wisconsin, en EEUU (en contra de las propuestas antidemocráticas hechas por el establishment político y mediático de aquel estado y sus representantes, atacando al estado del bienestar de Wisconsin), fue cuando un dirigente leyó un telegrama de adhesión y apoyo de sindicalistas que viven todavía hoy en la clandestinidad en Egipto. La mayor manifestación que haya existido en la historia de Wisconsin estalló en un aplauso abrumador, acompañadas con expresiones de apoyo a los sindicalistas árabes en Egipto. Es esta alianza la que aterroriza a las élites gobernantes del mundo, que controlan EE.UU., la Unión Europea y los países árabes. Hoy, estamos viendo no sólo en los países árabes, sino en la Unión Europea y en EE.UU., que se están imponiendo a la población políticas enormemente impopulares, reduciendo significativamente los beneficios y derechos sociales y laborales, como consecuencia de la enorme influencia que grupos financieros y económicos y sectores pudientes de la población tienen sobre sus estados, políticas que el estado está imponiendo en contra del parecer y deseo de la mayoría de la población. Naturalmente que el contexto en los países árabes es muy distinto al de la UE y EE.UU. Pero un elemento en común es la demanda de democracia que está siendo violada por la enorme concentración de poder económico y financiero en aquellos países. Creerse que aquellos estados están interviniendo para desarrollar la democracia es ignorar no sólo su historia, pero la mera observación de lo que está ocurriendo en cada uno de estos países.

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