Porqué es una pésima idea acabar con la neutralidad de la red.

En los últimos años el mundo ha cambiado mucho, Internet es la herramienta más revolucionaria desde el telégrafo. Representa la primera vía de comunicación verdaderamente distribuida y ha democratizado el acceso a la información y posibilitado que la meritocracia opere en numerosas áreas en las que, hasta ahora, lo único que contaba era tu agenda de contactos familiar, o tu fondo de talonario.

Todas las promesas que Internet nos ha traído tienen, en realidad, un único punto flaco: este nuevo mundo, soñado por muchos, en el que la libre competencia hacer emerger a los mejores y los premia, en que las personas pueden organizarse sin que el estado los tutele y los controle, sólo es posible mientras siga existiendo Internet como una red de comunicaciones distribuida. Y para ello es indispensable que Internet mantenga su carácter neutro: es indispensable que ningún nodo obtenga capacidad de veto sobre otro.

Las consecuencias negativas de eliminar la neutralidad de la Red son muchas y diversas. La menor de ellas no es la de la eliminación de toda esa meritocracia emergente, dejando de nuevo el poder de la economía en las mismas manos que lo tuvieron desde siempre y que, entre otras cosas, nos han encaminado a la crisis actual. Las consecuencias de eliminar la neutralidad de la red serán catastróficas para todos aquellos que vemos cómo el estado aspira a vigilar y controlar a los ciudadanos, a manipular el modo en que se comunica y, también, la información que recibe, de forma que los ciudadanos no desarrollen en ningún caso la capacidad de vivir por si mismos.

Las consecuencias de rediseñar la red y eliminar su carácter neutro son tales que ni siquiera el estado, que aboga por ello, las valora adecuadamente –visto que aboga por su eliminación. Los fenómenos de descomposición nacen de la incapacidad del estado para imponer su visión decimonónica de la sociedad frente a un mundo en el que la tecnología digital ha llegado para quedarse, y surge en aquellos lugares donde el estado renuncia a sus políticas de cohesión en favor de la autodefensa: allá donde el estado decide ser temido en lugar de ser respetado y presenta batalla en lugar de presentar soluciones. Nada hace pensar que la eliminación de la neutralidad de la Red, y la consecuente destrucción de Internet tal y como la conocemos, vaya a devolver a los estados un poder hegemónico que ya perdieron. Antes lo contrario, renunciar a la innovación que permite la Red y a las libertades propias de la democracia en favor del control sólo les dejará en desventaja, mermando a medio plazo su capacidad de sostener el situación y haciéndoles pagar muy caro, y demasiado tarde para las personas que sufrirán las consecuencias, el lamentable error que supondría eliminar la neutralidad de Internet.

Este libro ha sido escrito por Jose Alcántara, quien hace entrega de él al Dominio Público, puedes descárgalo en formato epub o leerlo en formato html.

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