¿Adiós a la industria editorial?.

El cambio de paradigma. Las nuevas industrias culturales. La tecnología no como obstáculo, sino como condición de posibilidad. El periodista y escritor Hernán Casciari, conocido como Orsai, se ha convertido en un referente al pasar de la teoría a la acción. Primero, dejó la importante editorial donde publicaba – y las colaboraciones bien remuneradas en diarios nacionales – para embarcarse “en un proyecto utópico”.

Ya ha publicado tres números de la revista que lleva su propio nombre, que no tiene publicidad (se sustenta únicamente por la venta directa a través de la red), que potencia la calidad y que recupera la crónica como género literario-periodístico.

Ahora ha dado un paso más. ¿Por qué no crear una editorial sin intermediarios? ¿Por qué, hoy, el autor sigue llevándose como máximo el diez por ciento del precio del libro que ha escrito? Sin miedos, y con la valentía de quien sabe que es muy respetado por sus miles de lectores, Orsai, junto a su socio Chiri, redactaron “Diez pactos para fundar una editorial imposible”, con el objetivo de publicar únicamente a autores que admiran profundamente, independientemente de si son mediáticos o no. ¿Una utopía más?

Uno de los puntos cardinales de esta nueva editorial – que de nuevo lleva su nombre – es que “el autor prescindirá de escribanos, abogados, buitres carroñeros y representantes de cualquier calaña”. El único supervisor del proceso, escribe el periodista en un post que titula Adiós, industria editorial, será un tal Comequechu, el pizzero que trabaja al lado de su casa.

Otra de las condiciones de este nuevo proyecto es algo en lo que Orsai también se empeñó con la revista bajo demanda: La obra tendrá precios “razonables” en todos los países de habla hispana, sobre todo en aquellos llamados “emergentes”. Si el nivel de vida es más bajo, el precio del ejemplar será también menor.

Y lo que parecía más inviable, tal y como está estructurada la cadena editorial hoy en día. El autor “percibirá no el nueve ni el diez, sino el cincuenta por ciento del precio de venta al público”. El escritor explica que con el otro cincuenta por ciento se puede pagar la imprenta, los envíos y los sueldos de diseño, edición y corrección.

La editorial Orsai quiere evitar que el escritor se sienta esclavizado o engañado. Después de doce meses, podrá irse sin ningún prejuicio. Y, lo que garantiza más transparencia, podrá revisar siempre que quiera – gracias a una herramienta tecnológica – el total de las ventas y cobrar, semanalmente, su parte de los beneficios.

Del manifiesto de lo que debería ser una editorial justa, y del siglo XXI, Orsai se pone manos a la obra y lanza un primer libro. Se trata del Cuadernos Secretos, una colección de bocetos inéditos del ilustrador y dibujante Horacio Altuna, una edición de lujo con tapa rústica de 300 gramos, papel estucado mate de 160 gramos, y 80 páginas a todo color. ¿Cuánto cuesta? En España, 19,50 euros. En Ecuador, para poner sólo un ejemplo, cuatro euros menos.

El décimo punto de las notas para “una editorial imposible” es un contundente desafío: “Si el sistema funciona, la industria editorial deberá explicar por qué sigue pensando que los autores somos imbéciles y los lectores somos piratas”.

Artículo de Albert Lladó publicado en La Vanguardia

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