Estamos acabando con nosotros mismos (Carlos Taibo)

Hay algo que a Taibo le preocupa especialmente: «Me inquieta enormemente que los recursos públicos se hayan destinado descaradamente a sanear empresas, fundamentalmente corporaciones financieras, que se han entregado a prácticas manifiestamente delictivas; mientras, en cambio, el ciudadano de a pie ve cómo esos recursos que él mismo ha generado escapan». Se escapan y generan cada vez más desasosiego. «El cortoplacismo dramático con el que actúan nuestros dirigentes políticos es otro gran problema. Miran, en el mejor de los casos, a las siguientes elecciones, y eso se traduce, por ejemplo, en una obsesión por tratar supuestamente la crisis financiera olvidándose de otras crisis, que están en la trastienda, vinculadas con la cuestión medioambiental, con las agresiones ecológicas y con el agotamiento de los recursos; todo ello dibuja un panorama muy delicado en el futuro inmediato».

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

En parte porque la inmensa mayoría vivía razonablemente bien, en parte porque los medios de comunicación se han sumado al carro de las alabanzas de una situación económica que era pura ficción, de la mano de la especulación y de la burbuja inmobiliaria; y en parte porque quienes dirigen los procesos de fondo -esas grandes empresas ya citadas- han desplegado estrategias muy inteligentes orientadas a ocultar lo que estaban haciendo.

Carlos Taibo cree que, finalmente, «una parte de la ciudadanía ha terminado por percatarse de lo que está ocurriendo, aunque sospecho que no es claramente consciente de que hay que arbitrar medidas mucho más radicales y muy diferentes de las que están proponiendo nuestros gobernantes y que, al fin y al cabo, son más de lo mismo». «Vivimos -añade- un momento singularísimo, porque el escenario propio del capitalismo ha cambiado a marchas forzadas».

-¿En qué sentido?

Yo he dicho muchas veces que el capitalismo es el sistema que históricamente demostró una formidable capacidad de adaptación a los retos más dispares. La gran pregunta hoy es la relativa a si no está perdiendo dramáticamente los mecanismos de freno que en el pasado le permitieron salvar la cara. Parece que, llevado de un impulso al parecer incontenible encaminado a acumular espectaculares beneficios en un periodo de tiempo muy breve, se está cavando su propia tumba, con el agregado claro de que nosotros podemos estar dentro de esa tumba de tal manera que se desmorone sobre nosotros. Tal vez nos estamos adentrando en una recesión prolongadísima que, a mi entender, es mucho más grave que la de 1929, y lo es porque el problema de los índices medioambientales y de recursos no estaba presente entonces y hoy configura un escenario acuciante.

Instituciones financieras

¿Qué es urgente?

Urgente es, por ejemplo, modificar en el corto plazo las políticas oficiales de apoyo a las instituciones financieras. Y no parece que exista entre nosotros ningún gobierno que sea capaz de hacer lo que han hecho los gobernantes islandeses. Y sería muy necesario colocar la cuestión ecológica en un plano fundamental, y llegar probablemente a la conclusión de que no somos más felices cuanto más consumamos, aunque el consumo sea el carro que intenta mover la economía mercantil que padecemos.

¿Qué podría suceder?

El panorama es desolador y hace que mucha gente empiece a mirar hacia otros escenarios, que pasan por populismos social-fascistas, por un lado, y por la organización desde la base de la sociedad, por el otro. Vamos a enfrentarnos, dentro de unas semanas, a una campaña electoral en la que contienden dos grandes partidos, aparentemente enfrentados pero subterráneamente de acuerdo en todo lo principal; dos partidos que son literalmente incapaces de romper con ese esquema que dictan las grandes corporaciones económico-financieras.

¿Algo le resulta esperanzador?

Ver cómo en la cabeza de la gente empiezan a modificarse las cosas y hay personas que deciden cambiar las reglas del juego. Me parece que es muy interesante comprobar cómo muchos jóvenes han recuperado el pulso de la contestación. Son datos halagüeños que indican que no todo está muerto en una sociedad como la nuestra. Asistimos a la irrupción de una ola de protestas, no sólo aquí sino en muchos lugares, con una voluntad expresa de ir por fin al fondo de las cuestiones importantes. Creo que muchos de esos jóvenes que están en las calles han superado su discurso inicial, que lo que contestaba era la epidermis que suponían, por ejemplo, la corrupción o la precariedad, para apuntar a los problemas centrales vinculados con la lógica del capitalismo. Y me parece que ese tránsito de lo uno a lo otro ha sido sorprendente y, afortunadamente muy rápido. Era inevitable que este cambio se produjese antes o después; alguien dirá que ha llegado demasiado tarde, puede ser, pero en fin, mejor que haya llegado en algún momento y no seguir con la inercia del vacío a la que hemos asistido durante mucho tiempo.

Carlos Taibo, tremendamente crítico con las dos legislaturas del PSOE al frente del país, y en absoluto esperanzado con la cantada llegada de Mariano Rajoy a La Moncloa, indica que, con respecto a las próximas elecciones generales del 20-N, «el único dato relevante al que tendremos que prestar atención es el nivel de abstención, que intuyo que va a ser alto».

Fuente: entrevista realizada por La Verdad de Murcia.

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